Si nunca has estado en México, no entenderás el hecho de que este es un país de un millón de sonidos. A cualquier hora del día o de la noche, una banda de música puede tocar, o un camión de gas/agua/basura/ o cualquier otra cosa que quieras mencionar, puede pasar por ahí vendiendo sus productos desde un altavoz, tocando una cancioncilla, o haciendo sonar sus campanas. Los perros ladran en rondas, las campanas de la iglesia tocan el timbre, la pipa de vapor del fuelle del vendedor de plátanos cocidos, los gallos cantan, y el carpintero corta y taladra hasta altas horas de la madrugada.

El camión de gas en Oaxaca, que canta y alardea

Usted puede estar comiendo en un restaurante con música, una televisión que brama fuerte y autobuses que pasan a toda velocidad, cambiando de marcha justo en la entrada del restaurante. Puedes ser despertado a las 6 de la mañana por Las Mañanitas (el equivalente mexicano a Feliz Cumpleaños) siendo tocado por una banda completa fuera de tu ventana, ¡porque es el día especial de tu vecino! Se puede pasear por el mercado con el sonido de las marimbas, superadas por los abucheos de los dueños de los puestos. Los petardos suenan a todas horas del día con tal intensidad que las alarmas de los coches empiezan a sonar en toda la ciudad. Y hablando de alarmas de coche, pueden sonar durante tanto tiempo que desearías que alguien viniera y robara el coche, y alejara el ruido.

¡Imagina esto a las 6 de la mañana justo fuera de tu ventana!

Al subir a un autobús se le recibe con la música que elija el conductor del autobús; desde el reggaetón hasta la banda, pasando por las versiones de las famosas canciones de amor en forma de zampoña. Una vez compartí un viaje en autobús rodeado de ancianas y personas que volvían a casa del trabajo en un autobús de fiesta con luz ultravioleta y clásicos de los clubes que salían de los altavoces, y en comparación con Londres, cuando la gente sabe que si alguien escucha su IPod demasiado fuerte en el metro, aquí a nadie parece importarle en absoluto.

Lo sorprendente es que los sonidos se vuelven tan normales que al cabo de un rato, apenas se oyen los ladridos de los perros o la canción del camión de gas, y si se detuviera creo que nos lo perderíamos, algo no se sentiría del todo bien. Una cosa que sé con certeza, sin embargo, es que nunca quiero que me despierten a las 6 de la mañana en mi cumpleaños los Mariachis cantando para mí, ¡necesitaría hasta por lo menos las 11 de la mañana para estar contento con eso!

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