“¡Aguas!”

Cuidado! fue todo lo que escuché antes de girarme y agacharme, evitando por poco ser golpeado en la cabeza por una enorme ballena inflable. Saliendo del agua, oí las risas fuertes de la familia mexicana que había enviado a las orcas volando en mi dirección. No pude evitar reírme también. Después de todo, no todos los días se está a punto de quedar inconsciente por culpa de un gran mamífero inflable mientras se toma un refrescante baño en el mar. Recogí la ballena y se la devolví a la familia, apuntándola hacia arriba para evitar más colisiones. De repente me di cuenta de que estaba en un juego de’tirar la ballena’ mientras la veía volar hacia mí.

Manzanillo

Diez minutos más tarde, cuando me alejé del juego, salí del mar y miré a mi alrededor, a la pequeña bahía. La orilla estaba llena de gente riendo, jugando al bate y a la pelota, al frisbee, al fútbol. Los niños estaban construyendo castillos de arena, los abuelos estaban felices de ser enterrados en la arena por sus nietos o sentados en la estela de las olas que se mecían hacia adelante y hacia atrás. Las familias estaban disfrutando de la sombra de las palmeras, bebiendo cervezas y refrescos, mientras la música sonaba en los altavoces y el sonido de la banda de música de la bahía vecina se desviaba y un guitarrista viajero tocaba fragmentos de canciones de amor mexicanas que incitaban a la gente a contratarlo para que les tocara una o dos canciones.

Puerto Angelito

Todo esto, me di cuenta, estaba en marcado contraste con la playa en la que había estado el día anterior. Por alguna razón que no puedo entender, en Puerto Escondido algunas bahías atraen a más extranjeros y otras atraen a más mexicanos. De lo que me di cuenta en ese momento mirando a la playa fue que en la playa más”extranjera”, la gente disfruta del mar y la arena tranquilamente, leyendo libros, tomando el sol, posando en bikinis bastante reveladores o nadando en shorts. No hay música y la risa no deriva tan abiertamente en la brisa marina salada. El ambiente en la playa”extranjera” era más tranquilo, más considerado y quizás incluso un poco tímido. Me gusta esa otra playa, es hermosa. Incluso he dicho que es mi playa favorita en el mundo. Pero ahora no estaba tan seguro. Si pudiera elegir ahora, elegiría la playa”mexicana” cualquier día de estos.

Carrizalillo

Estas diferencias me dicen algo sobre México en general. Hay un espíritu juguetón en los mexicanos que no parece desaparecer con la edad. A los niños se les permite ser niños y se espera que los adultos se unan a la diversión. La vida es vivir y disfrutar, reír y compartir. Hacer ruido, reírse a carcajadas, cubrirse de arena y agua de mar. No tomes la vida en serio, parece ser la actitud.

Así que les insto a que sigan el ejemplo de México. Vete a chapotear en las olas, construye un castillo de arena (sí, también adultos) y lanza una ballena inflable a la cabeza de una chica inglesa tensa. Podría ser sólo la llamada de atención que necesita para recordar las cosas importantes de la vida.

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